Me quedo mirando al vacío y me sobrecojo de toda la belleza que hay en el mundo.
O la que me invento.
Del destino cruel que nos espera a todos y que en parte no existe.
Del canto de las golondrinas que regresan eternamente a mi casa para regalarme sus pesados cánticos de esclavos,
porque el poder volar no tiene por qué hacerte libre.
Y me estremezco,
el camión de la basura rompe mi ficticia calma.
Es un nuevo día, y las cigüeñas migran de un vertedero a otro en busca de sustento.
Es un nuevo día, y un zorro acaba de ser atropellado.
Pronto el campo se llenará de conejos,
y de lluvias.
El otoño ya está llegando.